Aprendizaje y hábitos. Lo que necesitas saber para optimizarlos

Todos estamos aprendiendo.

Continuamente, incesantemente, a cada segundo…

No solo se aprende un idioma o a montar en bici o a comer con cubiertos o a ser amable.

Aprendemos, por ejemplo, que la ducha nos relaja, o que a las dos en punto de la tarde nos apetece comer, o que el hecho de que nos hablen de tal tema nos provoca tristeza…

Nuestras células aprenden y, por tanto, nuestros tejidos y órganos también. Nosotros, en conjunto, aprendemos, a todos los niveles.

Cada acción que ejecutamos provoca cambios en nuestro cerebro y en muchas partes de nuestro cuerpo - tuitéalo

(en realidad en todo el cuerpo, pero de manera significativa solo en las partes más implicadas).

El objetivo es optimizar al máximo cualquier proceso que realicemos, ya sea a nivel microscópico como a simple vista.

Y eso hacemos todo el rato: optimizar, ser más eficientes - tuitéalo .

Por esta misma razón creamos hábitos, automatizamos procesos e interiorizamos creencias.

Se podría decir que vamos paquetizando información, creando programas que facilitan las acciones y aumentando al máximo el rendimiento de todo ello.

Así es la vida de un humano. Aprendizaje continuo. Desde que nace hasta que muere.

Y dado que nos pasamos tantos años aprendiendo, es lógico que investiguemos acerca de las mejores formas de hacerlo.

Porque no todos los métodos activos de aprendizaje (me refiero a los sistemas que usamos conscientemente para aprender; luego hay situaciones en las que aprendemos sin darnos cuenta ni pretenderlo) son igual de efectivos.

También debe tenerse en cuenta que pueden existir diferencias entre personas a la hora de aprender de tal o cual manera, porque somos diferentes y tenemos distintas fortalezas y debilidades, así como mayor o menor facilidad para integrar aprendizajes de una u otra forma.

No obstante, podemos hablar de una serie de principios básicos fundamentales que van a funcionar sí o sí.

Principios que, aplicados a un método u otro, van a producir buenos resultados.

Si consigues introducir estos conceptos en lo que sea que quieras aprender, estoy segura de que vas a lograr tus objetivos mucho más rápido.

Y los principios son…

1- Variedad de estímulos

Desde decorar unos apuntes (fosforitos, subrayados, negritas, dibujos, símbolos, imágenes…) hasta realizar el proceso de aprendizaje involucrando partes de tu cuerpo (ejecutando movimientos).

Pasando por utilizar olores, escenas (vídeos), sensaciones corporales (unas cosquillitas por ejemplo), canciones o sonidos en general.

No aprendemos solo cognitivamente (mediante la recepción lineal de información) - tuitéalo . De hecho, a pesar de ser la forma en la que supuestamente nos enseñan en la escuela, es la que menos peso tiene.

La idea es que cuantos más sentidos involucres, mejor.

2- Movimiento

Aunque ya he mencionado en cierta forma este principio en el punto anterior, lo recalco.

Si te mueves, aprendes más rápido. Ya sea manipulando objetos o moviendo tu cuerpo globalmente mediante saltos, carreras, equilibrios y todo lo que se te ocurra.

Jugando, en definitiva.

Somos movimiento y es con movimiento como mejor aprendemos - tuitéalo

3- Humor

Diversión, risas, entretenimiento, ocio, pasárselo bien.

Cualquier concepto que incluyas en una actividad de esta índole, se te quedará infinitamente más grabada que si lo introduces en una actividad aburrida.

Si te explican algo y a la vez te hacen reír, vas a recordar lo que te contaron por mucho tiempo 🙂

4- Novedades

Lo que no conocemos, lo que no nos suena o nos resulta extraño, nos llama la atención.

Ponemos más énfasis en ello. Nos involucramos más.

Recuerda que nuestro cerebro quiere que sobrevivas, y si descubre algo nuevo, pone todo su empeño en averiguar qué es, si existe peligro sobre todo, y luego cómo nos puede beneficiar.

¿Sabes eso que dicen de que hay que hacer cosas nuevas con la pareja para que no “se apague la llama”? Pues la explicación es la misma.

Así que introducir algo diferente en un proceso de aprendizaje es una buena estrategia.

5- Emociones y sentimientos

Muy relacionado este punto con el 3 (humor).

Cuando algo te emociona, cuando algo resuena contigo, cuando conectas, ya sea con buenas o malas vibraciones, ese momento se te graba enormemente.

De modo que utilizar estrategias tipo “storytelling” (contar historias) o que permitan conectar con las emociones es una de las formas más efectivas para que integremos el conocimiento.

6- Necesidades

Este puede ser quizá el punto más obvio.

Cuando tenemos necesidad de algo, la rapidez con la que somos capaces de aprender es alucinante - tuitéalo
.

El ejemplo típico es irse a vivir a un país cuyo idioma no dominas (o directamente no tienes ni pajolera idea). Por la misma necesidad de sobrevivir, de tener que comunicarte para todo, interiorizas el idioma y la cultura de una forma espectacular.

Si consigues encontrar una necesidad real en aquello que quieres aprender, avanzarás súper rápido.

7- Atractivo

Y he aquí uno fácil.

Si algo te gusta, si te resulta interesante, molón, guay… más fácil te será aprender lo que sea que tenga que ver con ello.

Cuanto más atractiva consigas que te resulte una actividad, mejor.

Y aunque he estado hablando de aprendizaje únicamente y no he mencionado el concepto de “hábito”, todos estos puntos aplican de igual manera si queremos crear el susodicho hábito.

Cuantos más estímulos, más movimiento, humor, novedades, emociones, necesidades y atractivo introduzcas en tu sistema, más rápido crearás el hábito 🙂

¡Y ahora todo el mundo a jugar  y aprender! 😀

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